Septiembre 2011

La Albufera

Mientras encuentro tiempo para escribir con calma una entrada acerca de un viaje que hice en Agosto, pongo una especie de "trailer" en forma de cuadro. Viendo algunas de las fotos del viaje con mi madre, le gustaron mucho las que hicimos en La Albufera, que es un parque natural cerca de Valencia. Utilizando dos fotos, hizo la composición que se ve abajo y la pintó con óleo sobre papel de acuarela. Mi intención es colocar el cuadro en mi casa de Darmstadt como recuerdo de un gran viaje :)

El tamaño del cuadro es de 35 x 35 cm

Reencuentro en la torre

El alquiler de coches cerraba a las seis, así que aquel viernes salí un poco antes de trabajar para llegar justo a tiempo. "No tenemos ningún coche de la clase que pidió, asi que le damos un 'upgrade' a la siguiente". Aquello sonaba estupendo, ya que había alquilado la clase más barata que tenían y tenía miedo de que no cupiéramos los cinco. "Es un Mini". Eso ya no sonaba tan bien. A lo mejor podría haberme quejado, pero era poco probable que me dieran un coche de una clase aún superior al Mini. En aquel momento, todavía no sabía de que aquella elección era mejor de lo que parecía. Resignado, cogí las llaves y fui al aparcamiento.

Aunque no sea un coche espacioso, me gustó mucho :)

El Mini es pequeño. Muy pequeño, tal y como cabía esperar. Tiene sitio para cuatro personas, dos con piernas y dos sin ellas. Me senté tras el volante y me pasé un buen rato jugando con los mandos del coche. Tenía GPS, lo cual siempre se agradece. Con mucho cuidado, salí del aparcamiento y fui a casa sin hacer caso al camino que sugería el invento. La bolsa de viaje estaba preparada. Metí la ropa de cama en su desgastada funda y aplasté mi equipaje hasta que entró en el limitado maletero del Mini. Poco después, ya estaba en la A67.

Tras unos 35 km, cambié a la A6. Eso si, la imagen muestra el camino de vuelta.

Una hora más tarde llegaba a Kaiserslautern, o "K-Town", como dicen los americanos de la base que no consiguen pronunciar el nombre. Aparqué el coche en la estación y subí al andén. Aquella noche, esa estación casi equidistante de París y Múnich iba a ser un punto de reencuentro. La visita me hacía una ilusión enorme: además, por fin iba a compartir la torre con dos amigas con las que había hablado un montón acerca de ese lugar a lo largo de los últimos años. El Mini nos obligó a ir en dos viajes, pero por suerte la torre no está demasiado lejos de la estación. Aún así, da cierta impresión cuando la carretera entra de pronto en el oscuro bosque, unicamente iluminada por las luces del coche.

A pesar de estar en medio del bosque, de día la torre no da ningún miedo

Aunque solo pudimos pasar un fin de semana en la torre, al final aprovechamos bastante los dos días. El sábado renunciamos al coche, ya que parecía imposible que cupieramos los cinco. Por la mañana dimos un paseo hasta llegar al Humbergturm, que es una torre en medio del bosque con vistas sobre K-Town. Desde ahí continuamos hasta el Bremerhof, donde llegamos justo a tiempo para comer en la terraza antes de que cayera el diluvio universal: por suerte, estábamos refugiados bajo una sombrilla! Cuando la lluvia paró, continuamos hasta la ciudad para dar una vuelta por el centro. Supuestamente había una gran fiesta callejera, pero había quedado bastante pasada por agua :D

Foto desde la entrada al Humbergturm con Kaiserslautern de fondo

Al final del día habíamos recorrido en total unos ocho kilómetros, asi que decidimos volver en autobús. Tuvimos que fijarnos bien en los horarios, ya que la frecuencia del autobús que lleva a la torre deja un poco que desear. Al subirnos, pedí cinco billetes. El conductor me miró con cara de sorpresa. "Pero... ¿sois estudiantes?" - "Si, pero no tenemos el abono de la universidad" - "Pero... ¿vais a tenerlo?" - "No realmente" - "Bueno, para mi sois estudiantes. Abrid la cartera como si me estuvierais enseñando el abono y pasad". Para que luego digan que los alemanes no son majos! :D Encima, evitó que nos confundieramos de parada y nos bajaramos en medio de la nada.

Al final dimos un paseo bastante considerable :D

Al día siguiente decidimos intentar subirnos los cinco en el Mini: aunque ibamos un poco apretados, al final lo conseguimos! Aprovechando el buen tiempo, quitamos la capota y salimos justo cuando pasaba por ahí un numeroso grupo de excursionistas de avanzada edad que estaban admirando la torre. Se quedaron mirandonos con cierta sorpresa: me imagino que estarían alarmados por esta juventud rica que los domingos se dedica a pasear en coche descapotable por sus propiedades en el bosque :D Una vez esquivados todos los excursionistas, fuimos hasta el Karlstal, que es un pequeño valle cercano con un arroyo a cuyas orillas se puede pasear cruzando por numerosos puentes.

El valle está lleno de enormes rocas que se pueden escalar

Tras comer en la terraza de un restaurante típico que hay al final del valle, por la tarde solo nos dio tiempo a dar una vuelta por los alrededores de la torre, ya que poco después teníamos que ir de nuevo a la estación, donde nuestros caminos se volverían a dividir en tres: hacía Múnich, hacia Paris y hacia Darmstadt. Tras ver como el ICE 9550 desaparecía en la lejanía, volví al Mini, que yendo solo hasta resultaba espacioso. Una hora más tarde estaba llegando de vuelta a Darmstadt. Aparqué el coche en el solitario lugar donde lo había recogido y volví a casa en tranvía, poniendo así fin a un gran fin de semana con amigos: ¡ojalá pudieran ser todos así! :)