Septiembre 2014

Crescendo

Hoy se cumplen cinco años desde que llegué a Alemania y, hace unos días, se cumplieron ocho años desde la primera entrada de este blog. La entrada que escribí hace un año a raíz de estas fechas no era muy alentadora. Entre tanto, hay algo que sin duda ha cambiado: ya no tengo tiempo para estar desalentado. Los últimos meses han sido cada vez más intensos en cuanto a trabajo. Apenas tengo tiempo de escribir aquí, ya que tengo que escribir ahí: hasta hace poco aún me parecía algo lejano e inalcanzable, pero de pronto me encuentro escribiendo al fin la tésis en la que llevo trabajando tres años y medio: ¡aún me cuesta creerlo!

También se cumplen dos años desde que me regalaron las plantas: ¡siguen vivas! :)

Boarding

Cabina de los nuevos aviones "Dreamliner" de LAN Chile, en un viaje a Madrid

No lo entiendo. No tiene sentido. Parece que les gusta estar de pie. Esperando. Listos para asaltar la puerta de embarque. Si los sitios no estuvieran asignados, lo entendería. Pero no lo están. En cuanto llaman a "pasajeros que necesiten asistencia, pasajeros con niños, pasajeros business, pasajeros guay plus, pasajeros galaxy megaclub, pasajeros esmeralda, pasajeros de la orden del ala de titanio" y demás fauna, ellos saltan. No son nada de lo anterior. Pero ellos saltan y forman una fila delante de la puerta. Tarjeta de embarque y pasaporte en la mano.

Pasan a llamar por filas, las últimas primero. Los de la cola ya están ansiosos, pero no pueden pasar. Porque ellos tienen una de las primeras filas de clase popular. Por supuesto, para ser también los primeros en aglomerar el pasillo en cuanto el avión aterrice y salir corriendo. Salir corriendo a esperar en la cinta a que salga la maleta. Parece que disfrutan estando de pie. Les encanta esperar.

Pero eso será en un rato. Aún estamos subiendo al avión. Tengo un asiento en las últimas filas, a las que ya han pedido pasar. Despistado, me pongo a la cola. Aquello no se mueve. De pronto caigo en la cuenta. Estoy en la fila de los acelerados. Para llegar a la puerta tengo que abrirme paso entre la gente que no debería estar ahí y abarrota la entrada. Me hace sentir mal, como si me estuviera colando.

Al fin encuentro la cola de verdad, mucho más corta. Claro, toda la gente que debería estar pasado está esperando en vano a que la cola ficticia se reduzca. Me fijo en el asiento del que está delante mio: es de una fila que aún no han llamado. En la puerta, desesperados con que no aparezca nadie de las últimas filas, llaman al resto justo a tiempo para que el de delante mio pueda pasar. Eso es el nivel pro de los acelerados. No risk, no fun.

¿Y para que? El avión no sale antes. Las maletas no salen más pronto. Nadie llega antes a su destino. Pero ellos han sido los primeros. Eso es lo que importa.