El título de esta entrada es un juego de palabras en alemán: "stockdunkel" significa "oscuro de narices", que es como está Estocolmo estos días a partir de las tres de la tarde. Y con eso no quiero decir que a las tres empiece a anochecer. No. Con eso quiero decir que a las tres de la tarde no se ve tres en un burro. Las pocas horas de Sol son una de las cosas que más me han impresionado en mi segunda visita a Estocolmo, tras la primera hace ya más de tres años. Esta vez el motivo ha sido un workshop en la KTH, pero de paso he visto algunas de las cosas que me habían quedado pendientes.

Campos helados en el norte de Alemania de camino a Estocolmo
Aprovechando que por fin estoy terminando de leer los libros de Millenium, me di una vuelta por el barrio de Södermalm, que es donde transcurre gran parte de la acción. En palabras de nuestra guía de Free Tour Stockholm, si el centro es hipster, Södermalm es super-mega-hipster :D Muchas calles me sonaban del libro e incluso pasé por Mosebacke, la zona en la que Lisbeth Salander se esconde en el segundo libro. En otras partes de la ciudad también tropecé con nombres del libro. Pasé por la plaza de Odenplan, donde vive el ficticio abogado Bjurman: lo curioso es que ahí ví un abogado llamado Björkman - ¿coincidencia?

Al contrario de lo que creía, Mosebacke no es una calle, sino una plaza con puerta incluida
En Södermalm incluso comimos en el Kvarnen, el bar/restaurante al que Lisbeth Salandar va con Miriam Wu en el segundo libro. Por supuesto, no dudé en pedir albóndigas suecas, también conocidas como albóndigas del IKEA. Me impresionó que todos los platos incluyeran ensalada, pan y mantequilla, que nos pusieron nada más sentarnos para hacer más amena la espera. Siguiendo otro consejo, el último día probé la comida rápida sueca, que consiste en un roll con puré de patatas, dos salchichas y lechuga. Al principio lo del puré de patatas se hace un poco raro, pero me gustó mucho. Además da calor, que ahí siempre conviene :D

Mi intención era subir a la torre del ayuntamiento, pero está cerrada en invierno :(
Lo que sí que dio calor fue la "sauna vikinga" a la que fuimos. La teoría es bien sencilla: meterse en una sauna a 110 ºC y luego saltar a un lago a 6 ºC. En la práctica se hace un poco más duro, pero incluso repitiendo el proceso tres veces lo sobreviví :D No tiene precio ver el termométro a más de 100 ºC y al "sauna master" echando más leña al fuego mientras el sudor brota por todos los poros. Sin embargo, lo mejor son los minutos después de salir del agua gélida, ya que parece casi surrealista: a pesar del frío, estábamos en bañador como si fuera verano, mientras nuestros cuerpos seguían "humeando" vapor.

Por si acaso alguien duda, tengo un diploma que certifica que hacía mucho frío!
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