Pelo

No me gusta nada ir a cortarme el pelo. Es demasiado complicado. Nunca se muy bien que contestar cuando preguntan: ¿como lo corto? Aunque siempre diga lo mismo, el resultado claramente no es determinista. Debería haber la posibilidad de guardar un corte de pelo para poder pedirlo igual la próxima vez. Lo peor es cuando me preguntan tecnicismos que me suenan a chino. Hoy me han preguntado no se qué de capas y casi contesto "física, enlace, red, transporte y aplicación", pero luego he deducido que no se refería a eso. Al ver mi cara de desconcierto, por suerte ha dicho "bueno, ya lo vamos viendo".

Foto (cc) por Lina Smith tomada de Flickr (enlace)

Lo que más me hace sufrir es decidir cuánto quiero que me corten el pelo. Se trata de un asunto de optimización de recursos. Al fin y al cabo, cobran un precio fijo por el corte. Si pido que lo corten más, tardará más en volver a crecer, y tendré que ir menos veces al año a cortarmelo, con el consiguiente ahorro de dinero contante y sonante. Sin embargo, tampoco quiero tener que hacerme un DNI nuevo por parecer otra persona después de salir del peluquero. Pero pienso en esos céntimos que podría ahorrar, y es una angustia. Maldito pelo: ¡¿no podría tener simplemente un botón de "on/off" para controlar si crece, o no?!

Línea 6

En la Línea 6 del Metro de Madrid hay tres tipos de trenes: los nuevos, los antiguos, y los reformados. Entre tanto predominan los nuevos, pero en los años en los que iba cada día a Ciudad Universitaria desde Avenida de América, la gran mayoría de trenes eran antiguos. De casualidad, el otro día me subí en uno de esos trenes antiguos, y no pude evitar recordar aquella época. Los viajes en Metro de camino a un examen. El fuerte aire acondicionado en los días de verano. Pero sobre todo, recordé los trayectos con amigos a la vuelta de la universidad. Me da vértigo pensar que han pasado casi seis años desde entonces.

Tren antiguo en Metropolitano (Foto original (cc) R. Ricote)

El regreso

He vuelto a Madrid. Mi estancia en Alemania ha durado cinco años, seis meses, y un día: dicho así, casi parece una condena de cárcel :D Aunque durante mucho tiempo había tenido claro que quería volver, me costó tomar la decisión. Tenía la oportunidad de quedarme. Sin embargo, al final me di cuenta de que realmente no me quedaba otra alternativa que volver. No tardé en preparar un plan. Er primer paso ha sido terminar el doctorado. Probablemente ha sido el esfuerzo continuado más grande que jamás he logrado: la fase final ha sido año y medio de trabajo continuo, siete días a la semana, con una media de unas diez horas al día. Mi tésis se puede ver aquí (enlace).

Es tradición que los compañeros regalen un "birrete" hecho a mano al que termina :D

El finde después de terminar fuimos de excursión a un castillo impresionante :)

El segundo paso ha sido volver a Madrid. Al final, me dio pena. Irme no ha sido la solución perfecta, pero quedarme tampoco lo era. El ambiente en el trabajo estaba muy bien, y mi piso me gustaba mucho. Fue una sensación extraña vaciarlo hasta no dejar absolutamente nada. No es que valorara mucho vivir de forma independiente, pero me gustaba ver que era capaz de ello. De momento, he vuelto a casa de mis padres. He empezado a hacer orden en mi cuarto. Es un proceso lento: cada papel que ordeno, y cada caja que abro me inundan de recuerdos de una época que echo de menos, pero que ya pasó.

En el aeropuerto me recibieron de forma espectacular :D Nótese el comecocos!

El tercer paso es el más dificil de todos: recuperarme de la paliza de los últimos años y, sobre todo, recuperar todas las horas extra que he dedicado de forma voluntaria a trabajar, en vez de invertirlas en lo que realmente importa.

El cable

Me quedé dormido. Al despertar, me di cuenta de que me quedaban 37 minutos para llegar a la estación. Salté de la cama y salí de casa a toda prisa. Sin embargo, al ir a coger el móvil de la mesa del salón, me quedé helado. El cable del cargador estaba desconectado. Sin embargo, aún tenía la imagen nítida de verlo conectado al irme a dormir unas horas antes. Al encender la pantalla, el indicador de batería no dejaba lugar a dudas: estaba cargado. No tuve tiempo para darle más vueltas y salí de casa corriendo. Al llegar a la estación me asaltó de nuevo la imagen del cable. Solo pude haberlo desenchufado yo, pero ¿en que estado?

Al final llegué a tiempo al tren que me llevó a Múnich :)

Full Ahead

Hoy ha vuelto a ocurrir. No he sido capaz de aclararme en que época del año estamos. No sabía si estábamos en verano o en invierno, en primavera o en otoño. Otras veces me he acordado después de unos instantes, pero hoy me he rendido antes de ser consciente de que estamos en Febrero. Todos los días son iguales. Todas las semanas son iguales. Todos los meses son iguales. No los distingo. A menudo pienso que ya queda menos, pero cada día se hace más agotador que el anterior. Apenas ha pasado mes y medio desde Navidades, pero estoy tan cansado como si hubieran sido seis.

No hay descanso

Tunnelbohrmaschine

Aún quedan todas las correcciones por delante. Es probable que todavía tenga que reescribir alguna que otra parte. Pero hoy he terminado el primer borrador, desde el primer hasta el último capitulo. Es un trabajo lento. Avanzo poco a poco. Centímetro a centímetro, haciendo un túnel a través de una gran montaña durante casi cuatro años. Y el final aún no ha llegado. Aún se pueden presentar rocas muy duras capaces de hacer añicos la cabeza de cualquier tuneladora. Tunnelbohrmaschine. En aleman todas las palabras tienen más fuerza. Aún se puede derrumbar todo. Pero al menos el final está un poco más cerca.

Cabeza de una tuneladora. Foto por WSDOT en Flickr.

Volllast

El final me está costando. Mi único objetivo es entregar la tésis. Intento sacar tiempo de debajo de las piedras. Desde hace meses que he renunciado a las tardes y a los findes. Hace semanas que no cocino nada que requiera más tiempo que hervir algo. Hace muchos días que no uso el fuego de la cocina. Tengo postales pedientes de mandar desde el verano. Apenas he echado un vistazo a las miles de fotos que he hecho en los últimos congresos. Hace tiempo que debo estar intratable, aunque no sea consciente de ello. Y aún queda mucho por delante. Solo puedo agradecer que la gente me aguante :)

No es que haga nada con resistencias: el que tiene que resistir soy yo

Ruido

Buscando errores en un experimento, estos últimos días he estado mirando el valor EVM (Error Vector Magnitude) de transmisiones en el laboratorio. Aunque EVM suene extraño, no es más que una medida del ruido blanco como el que se veía en las antiguas televisiones analógicas. Al dibujar el EVM en el tiempo y en la frecuencia han salido curiosos dibujos tridimensionales. A veces es un bosque de ruido en el que cada árbol es distinto pero igual al de al lado, pero otras se distinguen las interferencias en ambas dimensiones. Un mensaje del ratón inalámbrico, un "hola" de la red del edificio... o los estudiantes de al lado haciendo de las suyas :D

Ruido blanco gaussiano. O bosque de colores.

¡Maldición! ¿Quien ha causado esa cordillera de interferencia en mis datos?

Radios en la oscuridad del laboratorio: que no sea por falta de LEDs.

Foto mientras espero a que el experimento llegue a donde puedo buscar el error.

Konstanz

La puntualidad suiza es aterrante. Al subir al avión de SWISS rumbo a Zürich, el piloto insistió a los pasajeros a que se sentaran rápido para poder salir a la hora. Eso no tiene nada de raro. Sin embargo, se le notaba en la voz la tensión ante la posibilidad de llegar tarde a Zürich. El hombre estaba verdaderamente estresado. Al aterrizar unas horas más tarde, el jefe de cabina nos comunicó no sin cierto orgullo que habíamos llegado incluso con adelanto. Por supuesto, el tren que cogí después salió puntual y llegó poco antes de medianoche a su destino final. Al salir, no podía creer que estuviera ahí: Constanza.

A punto de aterrizar en Zürich a bordo de un Avro RJ100

La ciudad de Zürich al borde de su enorme lago

El Rin cerca de Schaffhausen

Las cataratas del Rin: las vi de lejos hace cuatro años, pero ahora las pude ver bien

Atardecer en la isla de Mainau, también conocida como la isla de las flores

Vista desde la catedral de Constanza hacia la salida del Rin desde el lago

Los barcos son un medio de transporte muy eficaz en el lago

Casa pintada en la centro de Constanza: muy cerca estaba el famoso elefante (enlace)

A pesar de estar nublado, la luz entraba a raudales en el claustro de la catedral

Paseo a lo largo del lago

Canal que separa la ciudad de un convento convertido en hotel de lujo

Los alpes suizos al atardecer bajo una espesa capa de nubes

Crescendo

Hoy se cumplen cinco años desde que llegué a Alemania y, hace unos días, se cumplieron ocho años desde la primera entrada de este blog. La entrada que escribí hace un año a raíz de estas fechas no era muy alentadora. Entre tanto, hay algo que sin duda ha cambiado: ya no tengo tiempo para estar desalentado. Los últimos meses han sido cada vez más intensos en cuanto a trabajo. Apenas tengo tiempo de escribir aquí, ya que tengo que escribir ahí: hasta hace poco aún me parecía algo lejano e inalcanzable, pero de pronto me encuentro escribiendo al fin la tésis en la que llevo trabajando tres años y medio: ¡aún me cuesta creerlo!

También se cumplen dos años desde que me regalaron las plantas: ¡siguen vivas! :)