El cuadro circular

Tras un mes genial en Madrid, el domingo tuve que volver a Darmstadt. Eso si, aparte de ropa, esta vez en mi maleta viajaban dos lienzos para decorar mi casa: uno de ellos es el cuadro que puse hace unas semanas, y el otro es la última creación artística de mi madre. En Navidades del año pasado hicimos una foto que le gustó mucho, asi que propuso utilizarla como base para un cuadro. Al ver que el de La Albufera me había encantado, decidió llevar a cabo la idea. Mi madre insiste en que gran parte del mérito es debido a la composición de la foto original y que ella solo se ha encargado de la pintura. Sea como sea, el cuadro me ha hecho una ilusión enorme y ya decora el cabecero de mi cama en Darmstadt :)

Los cambios de iluminación se deben a que el cuadro está escaneado por partes

El cuadro de La Albufera también está bien visible encima de la comoda de mi cuarto. Entre tanto, mi madre ya ha empezado el tercero, que es una combinación de varias fotos en las que salen más personajes que no aparecen en la foto circular. Lo malo es que en principio no podré traerlo a Darmstadt hasta Navidades, pero a lo mejor puedo ver su evolución gracias a la webcam que se han comprado mis padres la semana pasada.

Kinderausweis

Ordenando papeles, el otro día mi padre encontró mi antiguo "Kinderausweis" que tuve hasta los 16 años. Se trata de un pasaporte para niños, ya que al contrario que lo que recuerdo de España, en Alemania los hijos no aparecen en el pasaporte de sus padres. Pongo algunas páginas del "Kinderausweis" con cosas curiosas, como por ejemplo la foto de carnet con 11 años, o los sellos de entrada a Egipto y las islas Seychelles. La verdad es que no me importaría retomar esos viajes tan exóticos: si alguien se anima, yo me apunto encantado :)

Portada del "Kinderausweis": el sello "Ungültig" significa que ya no es válido

El pasaporte está expedido en la embajada alemana de Madrid

A las Seychelles fuimos en 1998 y a Egipto en 2001

Valencia

05:30. Suena el despertador. Al contrario de lo habitual, estoy completamente despierto en segundos. Apago las otras cinco alarmas antes de que suenen. 06:40. El autobús H llega puntual a la parada de mi casa. Pocos minutos después ya estoy arrastrando la pequeña maleta de mano hacia el andén 7 de la estación principal de Darmstadt. 07:06. El tren regional RB 15742 sale puntual en dirección a Mainz. Es un tren de doble piso. Por las ventanas se ven los campos iluminados por los primeros rayos de sol. 08:00. El autobús al aeropuerto de Frankfurt Hahn sale de su darsena delante de la estación de Mainz y el conductor pone la radio.

Desde aquel día, asocio está canción al viaje a Valencia

I just came to say hello! Hace un día estupendo. Miro por la ventana mientras el autobús vuela por la autopista. La canción me llena de energía y, como si fuera un presagio, me hace sentir que aquellas vacaciones van a ser algo muy grande :) Esa ilusión me acompañó durante todo un viaje inolvidable que me gustaría compartir mediante esta entrada y que estuvo marcado por una motivación estupenda: "¿y por qué no?". El viaje me apetecía un montón e iba a pasar cinco días con gente estupenda, asi que no había duda posible :) Respiré aliviado al pasar el estricto control de equipaje de mano de Ryanair y subí en el avión rumbo a Valencia. Hello!

Contándome a mi, eramos cinco en el viaje

Al abrir las puertas tras el aterrizaje, el avión se inundó de un agradable aire calido, echando el ambiente gélido directamente importado desde Frankfurt Hahn. Fue una sensación estupenda bajar por las escaleras y ser recibido por el verano, que en Alemania brillaba por su ausencia: cada vez entiendo mejor a los alemanes que vienen a España a pasar las vacaciones! :D Un trayecto en Metro más tarde, llegué al albergue, a donde ya habían llegado los demás. Estaba en pleno centro de Valencia en una casa antigua pero renovada hace poco y llena de colores: la verdad es que estaba genial! :)

Estábamos en la última planta de habitaciones del albergue

En los cinco días que estuvimos en Valencia fuimos varias veces a la playa, empezando aquella misma tarde. Nos tumbamos en la arena: el cielo estaba completamente azul, hacía una temperatura estupenda y lo único que se oía era el tranquilizante rumor de las olas. Me inundó una felicidad enorme, no solo por el lugar, sino sobre todo por la compañía :) Nos bañamos, dimos paseos por la orilla del agua y un día hasta comimos sandwiches en la playa para aprovechar todo lo posible las horas de sol. Por suerte, conseguí no quemarme demasiado a base de esconderme bajo las dos sombrillas que teníamos!

La playa cansa mucho, por lo que al final del día solíamos estar agotados

Una de las cosas que más me gustó del viaje es que pudimos combinar la playa con visitar Valencia. El segundo día fuimos a ver la Ciudad de las Artes y las Ciencias: aunque había visto el sitio en fotos, nunca me había dado cuenta de lo grande que es en realidad! Las superficies blancas de los edificios brillaban a la luz del sol y los estanques de agua cristalina que rodean los edificios parecían invitar a saltar dentro. La luminosidad de aquel lugar era tremenda! Decidimos ver el museo de la ciencia, que resultó ser menos impresionante de lo esperado, pero que a pesar de todo tenía algunos experimentos divertidos.

Las formas de los edificios son bastante curiosas

Al mediodía comiamos sandwiches, pero por las noches solíamos salir a cenar a algún lado. La primera vez dimos con un restaurante italiano increible: además, teníamos tanta hambre, que literalmente devoramos la comida :D La siguiente vez cenamos pescado en un restaurante del paseo marítimo, en el que encima nos "regalaron" gran parte de la cena! Eso si, el sitio que más me gustó fue la zumería a la que fuimos el último día: los zumos eran una explosión de sabores increible. Aparte de crêpes saladas, pedimos dos dulces de postre. Tras la lucha por la primera, solucionamos el acceso a la segunda mediante TDMA :D

Hacían los zumos al instante y había todo tipo de combinaciones de frutas

Un día nos dedicamos a recorrer el centro de Valencia, que hasta entonces solo habíamos visto de noche. No fue fácil, ya que aquella semana la ciudad estaba infestada de "papotes", es decir, jovenes fundamentalistas que habían venido a España a ver a su líder espiritual. A pesar de aquel apocalipsis zombi, pudimos ver la catedral y varias iglesias. También subimos a las Torres de Quart, que son dos torres gemelas que formaban parte de la muralla de la ciudad. Desde arriba se tenía una vista estupenda de la ciudad! Otro lugar curioso que me gustó es la "Plaza Redonda", que está en medio de un bloque de edificios.

En las torres, había que subir escaleras de todo tipo: estrechas, anchas, de caracol...

Por supuesto, también nos concedimos múltiples caprichos :) Al lado del alberge había una heladería estupenda, en la que casi todas las noches comprábamos un helado de postre, que luego nos tomábamos dando un paseo por la ciudad. También pasamos varias veces delante de un Starbucks en el que buscaban conejillos de indias para una especie de granizado que querían vender, asi que conseguimos unas cuantas pruebas gratis :D Además, uno de los últimos días desayunamos en una chocolatería "Valor" que había cerca del albergue, churros incluidos!

No recuerdo los sabores, pero eran exóticos

El último día por la tarde fuimos a "La Albufera", que es un parque natural cerca de Valencia con una laguna enorme. El sol ya se estaba poniendo, por lo que los paisajes eran espectaculares. Paramos en un embarcadero, donde hicimos las fotos que más tarde sirvieron de base para el cuadro de la entrada anterior. Un poco más adelante dimos con el embarcadero del "Tío Pastilla", que por cuatro Euros daba paseos por la laguna. El nombre nos inspiró confianza, así que nos subimos sin pensarlo mucho :D El sol del aterdecer se reflejaba en el agua mientras nos abríamos paso entre los juncos: era realmente muy bonito :)

En la laguna nos cruzamos también con otras barcas

Una de las cosas que me gustó del viaje es que no teníamos un plan demasiado fijo, sino que muchas veces era espontáneo: además, todo salió increiblemente bien. Hay un montón de pequeños detalles que no me da tiempo a contar, pero que me traen recuerdos muy bonitos. Son situaciones, momentos e instantes inolvidables marcados por la ilusión y felicidad que describía al principio de la entrada. La intención del viaje era pasar unos cuantos días juntos en un sitio bonito, y eso lo conseguimos sin duda alguna :) Aunque llegar a Valencia desde Darmstadt fuera un poco complicado, mereció muchísimo la pena!

Cena en el italiano en el que devoramos la comida :D

Eso si, la vuelta a Alemania fue notablemente más complicada que la ida. El primer trayecto fue en autobús hasta Madrid, con un conductor que se dedicaba a rebuscar DVDs en su mochila mientras adelantábamos en una zona de obras de la autopista y que solo se puso el cinturón cuando vio pasar a dos motos de la policia. Sorprendentemente, llegué vivo a Madrid, donde hice un recorrido turístico por las línes 6 y 8 de Metro hasta el aeropuerto. Desde ahí volé con LAN Chile hasta Frankfurt, donde cogí un autobús a Darmstadt. Tras doce placenteras horas de viaje, finalmente llegué a mi casa :D

El escenario del cuadro que puse en la entrada anterior

La Albufera

Mientras encuentro tiempo para escribir con calma una entrada acerca de un viaje que hice en Agosto, pongo una especie de "trailer" en forma de cuadro. Viendo algunas de las fotos del viaje con mi madre, le gustaron mucho las que hicimos en La Albufera, que es un parque natural cerca de Valencia. Utilizando dos fotos, hizo la composición que se ve abajo y la pintó con óleo sobre papel de acuarela. Mi intención es colocar el cuadro en mi casa de Darmstadt como recuerdo de un gran viaje :)

El tamaño del cuadro es de 35 x 35 cm

Reencuentro en la torre

El alquiler de coches cerraba a las seis, así que aquel viernes salí un poco antes de trabajar para llegar justo a tiempo. "No tenemos ningún coche de la clase que pidió, asi que le damos un 'upgrade' a la siguiente". Aquello sonaba estupendo, ya que había alquilado la clase más barata que tenían y tenía miedo de que no cupiéramos los cinco. "Es un Mini". Eso ya no sonaba tan bien. A lo mejor podría haberme quejado, pero era poco probable que me dieran un coche de una clase aún superior al Mini. En aquel momento, todavía no sabía de que aquella elección era mejor de lo que parecía. Resignado, cogí las llaves y fui al aparcamiento.

Aunque no sea un coche espacioso, me gustó mucho :)

El Mini es pequeño. Muy pequeño, tal y como cabía esperar. Tiene sitio para cuatro personas, dos con piernas y dos sin ellas. Me senté tras el volante y me pasé un buen rato jugando con los mandos del coche. Tenía GPS, lo cual siempre se agradece. Con mucho cuidado, salí del aparcamiento y fui a casa sin hacer caso al camino que sugería el invento. La bolsa de viaje estaba preparada. Metí la ropa de cama en su desgastada funda y aplasté mi equipaje hasta que entró en el limitado maletero del Mini. Poco después, ya estaba en la A67.

Tras unos 35 km, cambié a la A6. Eso si, la imagen muestra el camino de vuelta.

Una hora más tarde llegaba a Kaiserslautern, o "K-Town", como dicen los americanos de la base que no consiguen pronunciar el nombre. Aparqué el coche en la estación y subí al andén. Aquella noche, esa estación casi equidistante de París y Múnich iba a ser un punto de reencuentro. La visita me hacía una ilusión enorme: además, por fin iba a compartir la torre con dos amigas con las que había hablado un montón acerca de ese lugar a lo largo de los últimos años. El Mini nos obligó a ir en dos viajes, pero por suerte la torre no está demasiado lejos de la estación. Aún así, da cierta impresión cuando la carretera entra de pronto en el oscuro bosque, unicamente iluminada por las luces del coche.

A pesar de estar en medio del bosque, de día la torre no da ningún miedo

Aunque solo pudimos pasar un fin de semana en la torre, al final aprovechamos bastante los dos días. El sábado renunciamos al coche, ya que parecía imposible que cupieramos los cinco. Por la mañana dimos un paseo hasta llegar al Humbergturm, que es una torre en medio del bosque con vistas sobre K-Town. Desde ahí continuamos hasta el Bremerhof, donde llegamos justo a tiempo para comer en la terraza antes de que cayera el diluvio universal: por suerte, estábamos refugiados bajo una sombrilla! Cuando la lluvia paró, continuamos hasta la ciudad para dar una vuelta por el centro. Supuestamente había una gran fiesta callejera, pero había quedado bastante pasada por agua :D

Foto desde la entrada al Humbergturm con Kaiserslautern de fondo

Al final del día habíamos recorrido en total unos ocho kilómetros, asi que decidimos volver en autobús. Tuvimos que fijarnos bien en los horarios, ya que la frecuencia del autobús que lleva a la torre deja un poco que desear. Al subirnos, pedí cinco billetes. El conductor me miró con cara de sorpresa. "Pero... ¿sois estudiantes?" - "Si, pero no tenemos el abono de la universidad" - "Pero... ¿vais a tenerlo?" - "No realmente" - "Bueno, para mi sois estudiantes. Abrid la cartera como si me estuvierais enseñando el abono y pasad". Para que luego digan que los alemanes no son majos! :D Encima, evitó que nos confundieramos de parada y nos bajaramos en medio de la nada.

Al final dimos un paseo bastante considerable :D

Al día siguiente decidimos intentar subirnos los cinco en el Mini: aunque ibamos un poco apretados, al final lo conseguimos! Aprovechando el buen tiempo, quitamos la capota y salimos justo cuando pasaba por ahí un numeroso grupo de excursionistas de avanzada edad que estaban admirando la torre. Se quedaron mirandonos con cierta sorpresa: me imagino que estarían alarmados por esta juventud rica que los domingos se dedica a pasear en coche descapotable por sus propiedades en el bosque :D Una vez esquivados todos los excursionistas, fuimos hasta el Karlstal, que es un pequeño valle cercano con un arroyo a cuyas orillas se puede pasear cruzando por numerosos puentes.

El valle está lleno de enormes rocas que se pueden escalar

Tras comer en la terraza de un restaurante típico que hay al final del valle, por la tarde solo nos dio tiempo a dar una vuelta por los alrededores de la torre, ya que poco después teníamos que ir de nuevo a la estación, donde nuestros caminos se volverían a dividir en tres: hacía Múnich, hacia Paris y hacia Darmstadt. Tras ver como el ICE 9550 desaparecía en la lejanía, volví al Mini, que yendo solo hasta resultaba espacioso. Una hora más tarde estaba llegando de vuelta a Darmstadt. Aparqué el coche en el solitario lugar donde lo había recogido y volví a casa en tranvía, poniendo así fin a un gran fin de semana con amigos: ¡ojalá pudieran ser todos así! :)

Graduación en Darmstadt

Aunque Agosto casi ha terminado, esta es la primera entrada del mes. A diferencia de otras veces, por suerte la razón no han sido cantidades ingentes de trabajo, sino todo lo contrario: no he tenido tiempo por estar de viaje! :) La verdad es que en las últimas semanas lo he pasado genial, por lo que me gustaría describirlas en el blog. Lo malo es que entre semana nunca me da tiempo, por lo que puede que tarde un poco en escribirlas. Hoy aprovecho para contar algo que ya ocurrió hace más de un mes, pero que quiero reflejar aquí: el final definitivo del intercambio de Doble Titulación que empecé hace ya casi dos años.

Entrada para el acto de graduación: el programa se puede ver aquí

Al contrario que en la ETSIT, en el ETIT la graduación no se celebra al año siguiente después de terminar, sino a finales del semestre en el que se entregue el proyecto fin de carrera. En mi caso, terminé el último día del semestre de invierno, por lo que ya me tocaba en verano. La graduación fue el 15 de Julio y tuvo lugar en una sala del centro de congresos de Darmstadt, llamado "Darmstadtium". El nombre se debe al "Darmstadtio", que es un elemento químico que se descubrió aquí en 1994. La graduación fue conjunta para los estudiantes de Bachelor, Master y Diplom. El "Diplom" es lo equivalente al título de ingeniero y también está en extinción.

Aquel día nos graduamos los tres que habíamos venido juntos de la ETSIT a Darmstadt

Aquel día estaba bastante nervioso, ya que la escuela me había elegido junto a un estudiante de Bachelor para dar un "Grusswort" al principio del acto, que se traduce literalmente en "palabras de bienvenida". No tengo ni idea de lo que se esperaba de mi, asi que al preparar los cinco minutos de tiempo que me habían dado, le eché mucha imaginación. Al haber venido a Alemania de intercambio, hablé acerca de las ventajas de irse al extranjero, de lo buenos que son los ingenieros alemanes y de lo malos que son los futbolistas de aquí cuando les toca perder contra España. Al menos, la gente se rió bastante :D

Fotograma de un video de mis "palabras de bienvenida" :D

Mi gran esperanza era que la escuela aprovechara la graduación para darnos el titulo, ya que paradojicamente lo necesito para justificar en la universidad que lo expide que he terminado la carrera. Todavía no entiendo cual es la razón por la cual la oficina de personal no puede hacer la llamada interna que hace falta para preguntar en la oficina de notas si realmente he terminado, pero prefiero no adentrarme en esos asombrosos misterios de la burocracia. Sea como sea, en la graduación la escuela entregó a todos una carpeta en la que a veces había titulo y otras no. Por supuesto, yo no estaba en el selecto grupo que tuvo suerte.

A pesar de que eramos un montón, la entrega de carpetas fue bastante rapida

Con papel oficial o sin el, aquel día nos nombraron a todos ingenieros: en mi caso, Master of Science con especialidad en Tecnología de Datos :) Por la noche lo celebramos en el "Riwwelmaddes", un restaurante en el que se puede tomar carne a la piedra, que consiste en hacer la carne uno mismo en la mesa sobre una piedra caliente. La verdad es que fue una cena muy entretenida y divertida! Eso si, aquella noche volví pronto a casa, ya que al día siguiente viajaba a Madrid para volver a ver a parte de mis amigos y de paso poder ir a la Euskal, tal y como contaba en la entrada anterior.

La foto de grupo muestra una desproporción realmente preocupante

Euskal Encounter 19

Tras siete ediciones consecutivas, el año pasado fue la primera vez que no pude ir a la Euskal. El problema fue que la época de exámenes en la TUD dura todo el verano, por lo que en Julio tuve que quedarme en Darmstadt estudiando. Durante los días que duró la Euskal Encounter 18 evité leer ninguna noticia relacionada con el evento, ya que me daba una rabia tremenda no poder ir. Por suerte, este año ya no tengo exámenes, por lo que después de dos años pude volver a participar en la segunda LAN Party más grande del pais. Según lo que he leido, este año la Euskal ha batido su propio récord con un total de 16.000 visitantes.

Foto nada más llegar a la Euskal, de camino al aparcamiento a por más cosas

Al igual que el año pasado, me sorprendió ver que las plazas se habían agotado, ya que otras veces solían quedar algunos puestos sin ocupar. Parece que la Euskal ha ganado seguidores, lo cual siempre es bueno: eso si, es inevitable que entre los más de 3.000 asistentes que traen ordenador no haya unas cuantas personas con las que la convivencia sea complicada. Esta vez no tuvimos demasiada suerte con algunos de nuestros vecinos, ya que dejaban basura por todas partes y no hacían caso a algunas de las normas, como por ejemplo la prohibición de beber alcohol dentro del recinto. De todas formas, es cierto que podría haber sido mucho peor.

La fauna de la Euskal es muy variada

Este año intentamos reducir el gasto en comidas comprando platos preparados que solo hace falta calentar en el microondas. La idea era muy buena y la verdad es que conseguimos reducir el presupuesto considerablemente, pero algunos platos no resultaron tan exquisitos como habíamos imaginado. Un caso sonado fue el pollo sintético con arroz, junto al cual la lasaña sangrante era todo un lujo. Los envoltorios de plástico en los que venía la comida nos supusieron un gran problema los primeros días, ya que no teníamos cuchillo para abrirlos. Eso si, al final lo arreglamos con ayuda de un destornillador y mucha paciencia :D

El tomate era tan líquido que parecía sangre :D

Uno de los concursos de la Euskal que más me llama la atención es el "Hack It": consiste en superar una serie de niveles, en los que siempre hay que averiguar una contraseña. Suelo abandonar después de unas pocas pruebas, pero aun así me entretiene un montón. Este año han cambiado el formato, de manera que se puede dejar un nivel y seguir con los siguientes para evitar quedarse atascado. Aún así, no llegué muy lejos, ya que me empeñé en resolver uno de la manera en la que no había que hacerlo :D Para quien quiera jugar un poco, los niveles del año pasado están disponibles en la página de marcan.

En las primeras horas después de instalarnos me dediqué a instalar Windows 7

A diferencia de otras veces, este año me he pasado casi toda la Euskal jugando, ya que descubrí el modo cooperativo del Portal 2. Se trata de puzzles parecidos a los del juego normal, pero que solo se pueden resolver entre dos: tras varias horas de juego, nos lo pasamos casi entero, excepto el último nivel del último capitulo, ya que teníamos que empezar a recoger. En ese sentido, cumplimos al dedillo el lema de este año de la Euskal, que era "play together" :) También hicimos unas cuantos intentos frustrados de jugar en cooperativo al Magicka, pero al final lo sustituimos por el siempre entretenido Flatout 2.

Por suerte, tras un trágico accidente, los robots del Portal 2 se pueden reensamblar :D

Aunque normalmente no compro nada para el ordenador en la Euskal, esta vez no me quedó más remedio, ya que mi teclado amarillo radioactivo presentaba una serie de comportamientos curiosos. Por ejemplo, la letra "p" provocaba que el sistema se suspendiera, mientras que pulsar "0" hacía que Firefox saltara a la página de inicio. Intenté evitarlo utilizando el "0" del teclado numérico y dejando una "p" en el portapapeles, pero en cuanto me despistaba volvía a contemplar la pantalla negra de un sistema suspendido. Al final, me di por vencido y compré un teclado nuevo, pero no lo tenían amarillo radioactivo :(

No fui el único que tuvo problemas técnicos con el ordenador

Los primeros días me costó acostumbrarme a la Euskal, ya que no podía dejar de pensar en todas las cosas que tenía pendientes por hacer. Otras veces no me había costado tanto, ya que en Julio solía tener vacaciones, por lo que ya estaba acostumbrado a no hacer nada. Sin embargo, tras una semana de gran actividad en Darmstadt, me resultaba dificil entrar en la mentalidad de la Euskal, es decir, olvidar de que existe nada más alla de los miles de ordenadores que ocupan el BEC y la potente red que los une. Por suerte, al final logré sincronizarme en fase y frecuencia con el mundo idílico de la Euskal :)

Esta vez pusieron un decimotercer bloque de ordenadores, aunque era más pequeño

Este año tampoco faltó el famoso video del peluchito, que hizo de rabiar a más de un asistente. También nos deleitaron con el "nyan cat", asi que termino la entrada con su video en YouTube de 10 horas en alta definición :D

La versión infinita se puede ver en nyan.cat

Una semana inolvidable

Me despedí de mi profesor a toda prisa al pasar delante de su despacho y fui directo a la estación: aquel día empezaban mis primeras vacaciones desde que trabajo en la universidad! Llegué justo a tiempo de coger el autobus al aeropuerto. Estaba muy contento, ya que estaba a punto de empezar una semana estuependa. Sumido en pensamientos acerca de todo lo que iba a pasar, observaba el mar de árboles que se extiende a los lados de la autopista que lleva a Frankfurt. Sin embargo, aquel día no iba a montarme en ningún avión, sino a recoger a dos grandes amigos :)

Foto en la estación nada más llegar del aeropuerto, con mar de bicicletas de fondo

Apenas tuve que esperar unos minutos hasta que aparecieron entre la gente que emanaba de la puerta de llegada. Su visita me hizo mucha ilusión, ya que quería compartir con ellos la ciudad y el país en el que vivo desde más de año y medio. Además, coincidiendo con su estancia en Darmstadt, el siguiente fin de semana también vinieron dos grandes amigas nuestras, una desde Paris y otra desde Munich, por lo que fue un reencuentro estupendo :) Me encantó que todos vinieran hasta Darmstadt para que pasaramos unos días juntos: significaba un montón para mi, ya que son personas a las que quiero mucho!

Llegando a mi piso: en el cartelito al que apunto pone mi nombre

Aquel día no nos dio tiempo a hacer mucho, ya que el avión había llegado por la tarde, asi que fuimos directamente a mi casa. Tras organizar lo fundamental, como por ejemplo pasarles la clave de 64 caracteres aleatorios de mi red WiFi, el chef preparó patatas con chorizo de cena, que degustamos entre cuatro en la mesa intima de 60x60 cm de la que disponía por aquellos entonces mi salón: era todo un reto no darse patadas sin querer al intentar estirar las piernas :D Por suerte, poco después la mesa fue sustituida por un modelo más amplio adquirido en cierta famosa cadena de tiendas de muebles sueca.

Después de servir había que llevar la olla a la cocina, ya que sino no cabiamos

A la mañana siguiente recogimos el coche color vino que habíamos alquilado por tres días y nos lanzamos a las carreteras secundarias alemanas para ir a conocer los pueblecitos típicos del Odenwald. Nuestro primer destino fue el castillo de Breuberg, que por supuesto está en lo alto de una montaña, a la que subimos con un no despreciable esfuerzo. Eso si, las vistas desde lo alto de la torre del castillo merecían la pena: el ascenso costaba 50 centimos por persona, pero no había nadie para cobrarlos, sino solo una caja para echar el dinero. Pagamos religiosamente, pero la verdad es que estos alemanes son unos inocentes :D

En lo alto del castillo de Breuberg, rodeado de un mar de árboles

Desde ahí continuamos camino a Miltenberg, un pueblecito al borde del río Meno cuyo centro histórico está repleto de casas típicas cuya fachada deja ver la estructura de madera que las sustenta. Por la mañana habíamos comprado pan para bocadillos, así que buscamos un banco con vistas al río para comer. El pan no estaba cortado, pero por suerte había traido un cuchillo. El dichoso cuchillo corta muy bien: tan bien, que incluso después de terminar de cortar el pan coseguí hacerme un corte en el pulgar izquierdo. Se ve que yo no soy el elegido para blandir a "Justinus", que es la marca del cuchillo :D

Casa típica en Miltenberg. Como se ve, la calle tenía bastante cuesta :D

Tras conocer a unos no tan jovenes turistas ingleses en una heladería, seguimos camino al pueblo que no debe ser nombrado. El sitio cayó en desgracia para el resto del viaje, ya que cuando llegamos estaba desierto y tampoco parecía que hubiera gran cosa que ver. Por suerte, mi habilidad como guía fue redimida al llegar a Michelstadt, que fue nuestro siguiente destino. El pueblo es famoso por su ayuntamiento, que está construido sobre una estructura de madera que lo eleva respecto a la calle, de manera que se puede pasar debajo de el. Tiene más de 500 años y existe una réplica suya en Brasil!

Torre de los ladrones en Michelstadt, con parte del foso y muralla de la ciudad

Al día siguiente fuimos a Heidelberg, que está al borde del río Neckar. Fuimos a ver el castillo, que está en lo alto de una montaña a la que hay que subir a pie, como no podía ser de otra manera. Una vez llegado arriba, hay que pagar una entrada que incluye el funicular de bajada: ¡ya podía incluir el de subida! Tras ver el centro histórico de la ciudad y pasear por el borde del río, fuimos a por el coche, que ironicamente habíamos aparacado en un centro comercial llamado "Darmstädter Hof", para emprender la aventura de encontrar la "Thingstätte", un escenario al aire libre en medio del bosque inspirado en los teatros griegos.

Vista sobre Heidelberg desde el castillo: el río de fondo es el Neckar

El teatro fue construido en 1935 para albergar grandes eventos de propaganda del Tercer Reich, aunque luego apenas fue usado, ya que la radio resultó ser un medio bastante más efectivo. El sitio es realmente impresionante, ya que tiene capacidad para la friolera de 16.000 personas. Subimos hasta la parte más alta de las gradas, donde comimos con vistas al enorme teatro rodeado de bosque. Eso si, esta vez me desentendí de cortar el pan para los bocadillos :D Aquel día también empezamos un tour por los postres alemanes, tomando "Apfelstrudel" en la terraza de un restaurante que está al lado del teatro.

El tamaño de la gente deja reconocer lo grande que es la Thingstätte

Por la tarde seguimos camino a lo largo del Neckar hasta llegar a un sitio desde el cual había buenas vistas sobre una curva cerrada del río. La torre a la que había que subir para ver algo ya estaba cerrada, asi que nos adentramos en las profundidades del bosque para intentar encontrar otro sitio con vistas. Tras unas cuantas escenas de pánico en senderos inexistentes, decidimos volver al coche antes de tener que lamentar la perdida de alguno de nosotros. Seguimos hasta Eberbach, donde luego me enteré que hay un monasterio impresionante que no vimos, pero a cambio el helado que nos tomamos ahí estaba muy rico :D

El Neckar, poco antes de llegar a la curva cerrada que no vimos

Poco después de emprender el camino de vuelta a casa cayó el diluvio universal, pero por suerte llegamos sanos, salvos y secos. Tras cenar una ensalada tan grande que tuvimos que ponerla en un barreño, al día siguiente nos volvimos a lanzar a la carretera para ir a Speyer. Lo más conocido del sitio es la catedral y la calle principal, en la que hay una escultura de un peregrino yendo de camino a Santiago: siempre que veo la escultura me da pena pensar que le quedan más de 2.000 kilómetros! Además, no es que avance mucho :P En cuanto a la catedral, parece ser la iglesia románica en pie más grande del mundo!

Por un momento, el peregrino estuvo muy cerca de Santiago :P

También pasamos por delante del museo de la tecnología que hay en Speyer, que llama la atención por la gran cantidad de aviones que exponen al aire libre. Entre otros, tienen un Boeing 747 montado sobre pilares para que parezca que está a punto de aterrizar, aparte de un prototipo del tranbordador espacial ruso Buran. Lo malo es que están en una zona vallada, asi que solo pudimos verlos de lejos. Desde Speyer continuamos camino en dirección al Aschbacherhof, que es donde está la torre que tiene mi familia. En vez de ir por la autopista, pensé que sería buena idea ir por la pintoresca "Totenkopfstrasse" :D

Hasta ahora no había tenido ocasión de enseñar la torre a casi ningún amigo

La traducción de "Totenkopfstrasse" es "carretera de la calavera" y el nombre le viene como anillo al dedo. Se trata de una carretera de doble sentido y un solo carril que atraviesa el bosque haciendo una infinidad de curvas muy cerradas. En fines de semana está cerrada para motoristas por la gran cantidad de accidentes que ya ha habido. Mi copilota tenía serias dudas de que salieramos de ahí con vida, por lo que no conseguí convencerla de que observara el precioso paisaje. Mientras tanto, nuestro amigo dormía tranquilamente en el asiento de atrás, sin imaginarse el peligro que corría su vida en aquel momento.

Nos encontramos a mi tio que iba a cortar la hierba: la verdad es que hacia falta :D

Unas cuantas tortuosas carreteras más tarde, llegamos a la torre. Después de comer, decidimos que subir una sola torre era un reto demasiado fácil, asi que nos adentramos en el bosque hasta llegar al Humbergturm, una torre desde la que se tiene una vista estupenda sobre Kaiserslautern. Por supuesto, la torre está encima de una montaña a la que solo se puede subir a pie, pero por suerte tal esfuerzo se recompensó con un chocolate en una terraza cercana. Desde ahí emprendimos el camino de vuelta a Darmstadt, no sin antes parar un momento en un IKEA para comprar una mesa más grande en la que cenar comodamente.

Estrenando la mesa nueva con un un gran plato de pasta boloñesa

Para mantener vivos los tópicos, el sábado recibió a nuestros amigos de Paris y Munich con el tiempo estándar de este país: nubes y lluvia. Aún así, el tiempo no nos impidió visitar Frankfurt, ya que lo que realmente importaba es que por fin después de muchos meses volvíamos a coincidir todos juntos :) Subimos a uno de los rascacielos de la ciudad, nos hicimos fotos con el símbolo del Euro al pie del Banco Central Europeo, vimos el centro histórico y terminamos en uno de los locales del barrio de Sachsenhausen que sirven "Apfelwein", una especie de sidra típica. Incluso vimos pasar el Ebbelwei-Expreß!

En el aeropuerto de Frankfurt hay otro símbolo del Euro idéntico

Por la noche volvimos a Darmstadt para cenar en el Ratskeller, un restaurante típico aleman en el centro de la ciudad. En este caso los tópicos alemanes no se mantuvieron, ya que pudimos cenar incluso al aire libre! Fue practicamente la primera vez en toda la semana en la que comimos especialidades alemanas, ya que hasta entonces nos habíamos contentado con los sandwiches cortados por "Justinus" :D Al día siguiente emprendimos la última excursión de la semana: esta vez el destino era el valle del Rin, adonde llegamos gracias a un estupendo coche de siete plazas que nos prestaron, conductor incluido :)

Cena en el Ratskeller: la mesa está presidida por una jarra de cerveza de litro

Pasamos el día en Rüdesheim, un pubelo muy típico al borde del Rin, en el que también se encuentra el Niederwalddenkmal, un monumento en lo alto de la ladera del río que conmemora la creación de Alemania en 1871. Eso si, al llegar al pueblo vimos que estabamos en el lado equivocado del río y que no había puente, pero por suerte hay transbordadores para cruzar: casi nunca he tenido oportunidad de subirme a uno de ellos, pero mola un montón ver el valle desde el propio río. Una vez en el otro lado, subimos al monumento en coche, lo cual es bastante más llevadero que subir a pie, como la última vez que estuve ahí :D

Cruzando el río en el transbordador. Por suerte, las nubes se fueron a lo largo del día

Aquel día hizo buen tiempo, por lo que las vistas desde el monumento sobre el río eran impresionantes. Para llegar al pueblo, bajamos en un funicular que sobrevuela los infintos viñedos que cubren la ladera del valle. El trayecto merece la pena, ya que se puede disfrutar el paisaje en una aparente calma infinita, en la que el bullicio de los turistas se convierte en un susurro lejano, mientras la mini-góndola flota lentamente ladera abajo. Una vez en el pueblo, visitamos las callejuelas típicas abarrotadas de gente, para finalmente sentarnos en una de las múltiples terrazas y comer tranquilamente.

Más tarde confesaron que me querían tirar al río :D

Por la tarde pretendíamos recorrer el borde del Rin hasta llegar a la Loreley, una roca en la que el río hace una curva llamativa. Sin embargo, la carretara estaba cortada a ambos lados del río, por lo que no pudimos llegar. Había un camino más largo, pero no nos daba tiempo, ya que nuestros amigos de Munich tenían que volver esa misma noche. En cualquier caso, el plan alternativo que surgió espontáneamente no estuvo nada mal: nos invitaron a un "Kaffee und Kuchen" casero delicioso! En Alemania es muy típico tomar café acompañado de algún dulce hacia las tres de la tarde, aunque en este caso fueron más bien las seis :D

La tarta inesperada nos permitió seguir el tour por postres alemanes: ¡estaba riquísima!

Nos despedimos de nuestros amigos muniqueses en la estación de Frankfurt y continuamos camino en tren hasta Darmstadt. Aprovechando que las oficinas de mi departamento están al lado de la estación, pasamos un momento: después de dos intensos partidos de futbolín, les enseñé los cacharros de redes con los que jugamos. La verdad es que me hizo ilusión compartir con ellos mi nuevo sitio de trabajo :) Para terminar el día, fuimos al restaurante de una cerveceria cercana, en el que ofrecen una cata de cervezas: se trata de cinco mini-jarras de 0,1 litros con los distintos tipos de cerveza que hacen!

Mi zumo de manzana que se ve abajo casi no se distingue de las cervezas :D

Los dos últimos días del viaje visitamos Darmstadt, ya que paradojicamente aun no habíamos visto ninguno de los monumentos de la ciudad en la que vivo. Lo primero que vimos fue la Mathildenhöhe, ya que está justo al lado de mi casa. Desde ahí continuamos a la universidad y a los jardines que hay en el centro de la ciudad. Comimos en la Mensa, el comedor de la universidad, que casi es una atracción por si sola cuando uno está acostumbrado a la cafetería de la ETSIT. Por supuesto, nos hicimos una foto con la maquina que recoge botellas vacias y devuelve 15 céntimos por cada una de ellas :D

¡El cielo de Darmstadt estaba completamente azul!

A pesar de que dos días antes había llovido y hecho frío, aquel día no había ni una sola nube y el sol pegaba fuerte desde el cielo azul aleman. No creo que hubiera más de 30 ºC, pero la humedad hacia que el calor fuera insufrible: por imposible que parezca, aquel día nos quemamos! Refugiándonos de sombra en sombra, llegamos hasta la explanada que hay delante del teatro de Darmstadt, en donde nos sorprendió una curiosa obra de arte temporal construida a base de muebles de madera antiguos. Era una especie de montaña de trastos viejos, en la que se podía entrar a través de un pasillo y que contenía toda una casa!

La casa tenía truco, ya que por dentro estaba mantenida por una estructura de metal

Tras visitar la iglesia redonda que hay al lado del teatro, el agobiante calor pudo con nosotros y tras comprar un granizado volvimos a casa. Desde ahí acompañé a nuestros amigos parisinos a la estación de Frankfurt, ya que su tren de vuelta salía aquella tarde: llegamos por los pelos, pero a tiempo. Otra despedida que indicaba que la semana tan estupenda que acababa de vivir llegaba poco a poco a su fin :( La misma estación que unos pocos días antes había sido escenario de un feliz reencuentro, ahora se convertía en el lugar de una triste despedida, con la incertidumbre de fondo acerca de cuando los volveré a ver.

La iglesia redonda vista a través de un ojo de pez

De vuelta en Darmstadt, aprovechamos los últimos rayos de sol para jugar una malvada partida de Munchkin en el balcón de mi salón. Al día siguiente, el calor aplastante continuaba asediando la ciudad, por lo que solo visitamos algunas cosas cercanas que nos habían quedado por ver, como el lago Woog o los restos de la muralla de la ciudad. Compramos algunos regalos, tomamos un pastel de despedida y finalmente nos dirigimos al aeropuerto, donde terminó la semana estupenda que describo en esta entrada. Fueron unos días increibles y me hizo muchísima ilusión poder coincidir aquí con amigos de Madrid, Paris y Munich! :)

Tomando Apfelwein en Frankfurt con todos los que estuvimos en el viaje :)

PhD Comics

Hace algún tiempo encontré por casualidad PhD Comics, un webcomic de Jorge Cham dedicado a los sufridos estudiantes de doctorado. No llegué a leerlo con calma, ya que en ese momento todavía estaba demasiado preocupado por terminar el proyecto. Ayer volví a topar con la página: esta vez me sentí más identificado, empecé por leer unas cuantas tiras y acabé casi muriéndome de risa :D Hay una lista con las 200 mejores tiras, y la verdad es que algunas son muy buenas. Sin dudarlo, he añadido un bloque justo debajo de la cuasi-inerte Tira Ecol, que contiene un enlace al último comic publicado en PhD Comics.

Publicado 25/7/08 en "Piled Higher and Deeper" por Jorge Cham (www.phdcomics.com)

La tira no es ninguna novedad, ya que existe desde 1997 y parece ser bastante conocida: al igual que xkcd, se publica tres veces por semana. Aunque el nombre es una referencia directa al título "philosophiae doctor", en realidad es la abreviación de "Piled Higher and Deeper". Aparte de cuatro libros y multitud de merchandising, también hay una pelicula que se acaba de rodar y que se estrenará en otoño, aunque parece que sólo la proyectaran en las universidades que lo pidan. El autor también se dedica a dar charlas tituladas "The power of procrastination", lo cual parece un título muy apropiado hablando de doctorandos :D

Los actores de la pelicula son del grupo de teatro del California Institute of Technology

El comic me ha recordado una guía ilustrada para el doctorado de Matt Might que encontré hace unos meses. La explicación me gustó mucho, así que dejo los enlaces a la versión en inglés y en castellano! Keep pushing.

El departamento

En los cuatro años que estudié en Madrid, cuando los profesores se presentaban en la clase introductoria de las asignaturas, siempre me hacía mucha gracia cuando decían "yo vivo en..." refiriéndose a su despacho en la universidad. De momento no he tenido la oportunidad de hacer eso, ya que sólo soy ayudante en una asignatura, por lo que no doy realmente clase. Sin embargo, desde mediados de Abril habito entre semana al menos ocho horas al día un despacho compartido, así que en principio podría decir que vivo en S4 14 / 4.2.06. Para completar la entrada anterior, en este post describo mi "segunda casa" :D

El edificio es más bajo en un lado, de manera que el patio interior no queda tan oscuro

El departamento en el que trabajo está integrado en un centro de investigación, por lo que las oficinas están un poco apartadas del resto de la universidad. Por suerte, el edificio está al lado de la estación, por lo que hay varios tranvias y autobuses que llevan ahí. El edificio no pertenece a la universidad, sino que simplemente han alquilado dos de las cinco plantas: en las otras tres hay, entre otros, oficinas de un seguro médico y un gimnasio. Al igual que en el resto de la universidad, todas las puertas tienen cerraduras electrónicas, por lo que para poder entrar hace falta una llave como la que aparece en una foto que puse hace mucho tiempo.

Mi sitio es el de la derecha, detrás del ventilador

Lo malo de no estar cerca del resto de la universidad es que la "Mensa" / comedor queda bastante lejos, por lo que solemos comer en los sitios que hay alrededor de la estación. No es tan barato, pero al menos hay bastante variedad: desde un buffet asiatico hasta un italiano, pasando por un restaurante de comida típica alemana :) Aunque poco a poco me voy acostumbrando a los horarios alemanes, reconozco que me sigue resultando extraño ir a comer a las 11:30, cuando en mi casa en Madrid solía comer a las 15:30 :D Sin embargo, merece la pena, ya que sino comería solo!

Cartel en la puerta del despacho: pedí la bandera española, ya que aquí es más exótico

Comparto oficina con un doctorando argentino, por lo que en nuestra habitación se suele escuchar español :D En los despachos de al lado hay otros doctorandos y justo enfrente está nuestro catedrático. El departamento se creó en 2009, por lo que aun somos bastante pocos: el numero depende de como se cuente, ya que hay gente con distintos tipos de contrato, pero en general no solemos pasar de diez. Los despachos se suelen compartir entre dos o tres, aunque en el nuestro es dificil meter una tercera mesa, ya que el hueco está ocupado por un futbolín :D Por supuesto, lo usamos para fines estrictamente científicos :P

La idea es instalar sensores en las barras para detectar los movimientos

Aparte del futbolín, desde hace poco también tenemos un ventilador de pie para combatir las altas temperaturas del verano aleman. Otro hueco no despreciable está ocupado por el cojín gigante que tenemos para descansar :D Todavía no lo he probado para echar una siesta, ya que siempre pienso que está mal visto en horas de trabajo, pero debería intentar convencer a mi profe de que así luego la tarde es mucho más productiva. También tenemos dos armarios en los que se esconden, entre otras cosas, dos robots equipados hasta arriba con todo tipo de sensores: todavía no los hemos probado, pero prometen mucha diversión :D

Los robots se controlan desde un netbook que se pone en la sujeción que se ve arriba

Otra cosa que me llamó mucho la atención en su día fueron las ventanas, ya que tienen una especie de estores motorizados enormes para oscurecer la habitación en días de mucho sol. Están por fuera del edificio y tanto la inclinación como la altura se controla desde el interior con un interruptor. Esa tecnología contrasta con el método que usan los de la limpieza para limpiar las ventanas. Yo hubiera esperado un carrito descolgado desde la azotea, pero en vez de eso, se quedan en una terraza que hay en el primer piso y utilizan una pértiga de cuatro pisos de altura a la que atan una manguera.

Tres posiciones de las lamas de la ventana, según la luz que se quiera dejar pasar

En la quinta planta hay una azotea en la que ya hemos hecho varias barbacoas: la próxima vez intentaré hacer fotos para subirlas aquí, pero por ahora pongo las que hice el otro día del despacho y del edificio!

Demostración del funcionamiento del cojín gigante :D